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Edición 2008>> Noticia
ÁVILA - 2 de julio

'El que abusa de un niño no es un enfermo, es un delincuente'

Miguel Ángel Vallejo, director del curso 'Sexo: funciones y disfunciones'


Miguel Ángel Parejo, catedrático de psicología y director del curso

Redes de pedófilos que proliferan en Internet, pederastas que secuestran a sus víctimas durante años, escándalos de abusos sexuales que se amontonan en los banquillos de los juzgados y en las páginas de sucesos en los medios de comunicación. El curso "Sexo: funciones y disfunciones sexuales" analiza el perfil del agresor y las consecuencias de la agresión para las víctimas, unos daños que, en ocasiones, le acompañan a lo largo de toda su vida.

 


Las alumnas comentan lo expuesto en una conferencia
Del medio centenar de matriculas en este curso, sólo tres son varones

Miguel Ángel Vallejo, catedrático de Psicología y director de este curso, no tiene dudas respecto a la definición de quienes abusan de los más débiles: "sus actos siempre implican violencia, aunque no necesariamente física. Y quizá estén influidos por psicopatologías, por episodios de maltrato que ellos mismos han sufrido. Pero un pederasta comete un delito y, por tanto, es un delincuente".
 
Vallejo asume la tendencia a considerar enfermo a quien hace cosas que la mayoría de las personas no hace, sin embargo, no admite que la demencia exima de responsabilidad "a quien aduce la existencia de un impulso irremediable, una fuerza incontenible que le empuja a abusar de un niño o una niña. Hay capacidad de discernir y, por tanto hay delito".
 
Castración química
 
Precisamente para resistir ese supuesto "impulso irrefrenable" aumenta el número de convictos de delitos de pederastia o agresión sexual que solicitan la administración de inhibidores del deseo sexual.
 
Para el profesor Vallejo "es difícil prevenir estos problemas, pero esa terapia, conocida como castración química, únicamente la piden para que las autoridades judiciales les permitan recuperar su convivencia en libertad".
 
Según su criterio, en la mayoría de los casos la pena ha de incluir un necesario control externo y vigilancia, y la castración química no garantiza que no vuelvan a delinquir. "Hay opciones terapéuticas que reducen sus impulsos sexuales agresivos,  pero tienen una eficacia limitada y, para tranquilidad de todos, el individuo agresor ha de estar convenientemente custodiado".


Del número y el poder del abuso
 
Vallejo Pareja considera que, por los datos que se conocen entre los estudiosos, el número de agresiones sexuales a menores no ha aumentado. Todos conocemos los grandes escándalos como el de la joven secuestrada y embarazada repetidamente por su padre, el 'Monstruo de Amstetten' o el de la niña austriaca Natascha Kampusch, secuestrada durante años por su raptor. 
 
"Estos fenómenos mediáticos se unen a un mayor número de casos que recoge la prensa y que cada vez se denuncia más. La diferencia es que antes las familias, incluidas las propias madres, los tapaban y las denuncias no trascendían. Pero el número de víctimas de agresiones sexuales a menores, igual que el número de maltrato a mujeres, siempre ha sido elevado, se hiciera o no público".
 
En cuanto a los efectos devastadores de la agresión en las víctimas, tanto en el momento de producirse como en su futuro como persona adulta, el profesor Vallejo se muestra optimista. "Recordemos que nuestra capacidad de adaptación es extraordinaria y por ello nos hemos convertido en la primera especie del planeta. Todos nosotros somos producto de una determinación genética y una historia. Los que han tenido que afrontar hechos tremendos multiplican sus mecanismos de adaptación para recuperar el proceso normal de su vida".
 
Vallejo considera que las víctimas no han de dedicarse sólo a observar y recrear el pasado, puesto que eso las hundiría en el drama definitivamente. Igual que todos superamos distintas fases de nuestra historia personal, pero sin borrarlas, la persona que ha sufrido abuso en la infancia"ha de trabajar el presente y mirar hacia el futuro, sin volver la vista permantentemente hacia lo que le ha ocurrido.  Así le será más fácil vivir". 
 
 


¿Interesa más el sexo a las mujeres?
 
Del medio centenar de estudiantes que participan en el curso Sexo: funciones y disfunciones sexuales sólo 4 son varones. El resto, son mujeres. "No sé la razón, porque en clase hablamos de todo aquello que resulta saludable, que da satisfacción, genera relaciones e intimidad con los demás. Quizá esa parte de bienestar interesa más a las mujeres. Quizá tengamos que estudiar el porqué, en este caso, se han inscrito más ellas que ellos", comenta Miguel Ángel Vallejo.
 
El caso es que en la clase se aplaude a los ponentes, se sonríe, se comenta y se vive intensamente cada una de las conferencias. Algunos datos son ya conocidos, como que las principales disfunciones femeninas son la falta de apetencia sexual o la falta de orgasmo y que las masculinas se centran en los trastornos de la erección y la eyaculación precoz. Casi todos estos problemas tienen ya sus tratamientos pautados.
 
El momento de introspección y seriedad empieza cuando los temas derivan hacia a la alteración de las funciones sexuales. Cuando se aborda el estudio de las causas biológicas o psicológicas que llevan la disfunción al umbral del delito. Hoy se habla de los abusos sexuales en la infancia, de sus consecuencias en los niños y en su desarrollo como adultos.
 
Aquí los tratamientos no están tan claros y las sonrisas se esfuman y dejan paso a la reflexión. Las alumnas calibran cada nuevo dato y lo incorporan a su bagaje intelectual. Quizá mañana les sirva para ayudar a sus alumnos, a sus pacientes o a sus propios hijos. Ellas cruzan los dedos: ojalá nunca se vean obligadas a echar mano del conocimiento que se llevan hoy de aquí.
 
Aida Fernández Vázquez

 



   
   
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