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Edición 2008>> Noticia
ÁVILA - 7 de julio

Propaganda por el hecho

La violencia asociada a la propaganda por el hecho es la faceta más controvertida del anarquismo



Los filósofos griegos ya trataron la libertad del hombre frente al estado, una concepción que  maduró a lo largo de los siglos hasta que, en el XVIII, las ideas definidamente libertarias florecieron, "se pronunciaron los enciclopedistas y los hombres que prepararon las conciencias de la Revolución". Así relata Lucía Rivas los orígenes  del anarquismo que propugna una sociedad nueva, justa, sin desigualdad, que cree en la armonía natural del universo y el optimismo antropológico (el hombre es bueno por naturaleza) y cuyo proyecto político se basa en la ausencia de coacciones.

Los terroristas

"Para muchos anarquistas sus actos eran una maniobra defensiva frente al sistema capitalista que explotaba al obrero; él era el violento, no el pueblo." La violencia anarquista surge ante la penosa situación en que viven  campesinos y obreros,  y la falta de resultados de las acciones pacíficas.
En Francia, por ejemplo, los nombres de los grupos revelan las etapas del movimiento. "Durante la fase idílica en la que cada uno se veía protagonista de la Gran Revolución que reconciliaría a la humanidad, existían el Círculo de la Flor y de la concordia o el Círculo de la Aurora. Cuando comprendieron que la lucha sería dura, el Círculo de los Amigos reunidos cambió el nombre por el de La Plebe anarquista revolucionaria. Tras el Congreso de Londres los miembros manifestaron un espíritu salvaje y firmaban: un amigo de Robespierre, un partidario de la dinamita. En 1884 se daban nombres de guerra, como Los indignados, Los Miserables. Luego comprendieron que un nombre no es suficiente para realizar la revolución", relata Lucía, profesora de Historia Contemporánea de la UNED.

Los atentados anarquistas, la llamada propaganda por el hecho, comienzan en 1882 y en ellos, por primera vez, se utiliza la dinamita, incluso se ofrecen conferencias para la confección  de bombas de mano. Sus ejecutores se convierten en  terroristas, mártires o vengadores. Hay figuras controvertidas como Ravachol, al que muchos anarquistas se niegan a reconocerle como tal, pero que inflamó el corazón de otros. "!Juzgadme, señores jurados! – exclamó ante el tribunal – Pero si me habéis comprendido, juzgándome juzgáis a todos los desgraciados que la miseria, junto con la natural dignidad, ha hecho criminales".

Los mártires

La dura represión que sufrieron los anarquistas, en poco tiempo los convirtió en mártires. Los atentados se aprovechaban para detener a cientos de seguidores que eran encarcelados y cruelmente torturados. 400 personas entre republicanos, masones, socialistas, librepensadores, obreristas, profesores de escuelas laicas (entre ellos a Teresa Claramunt)… fueron detenidos tras el atentado de Barcelona que costó la vida a 12 civiles en julio de 1896. Las cárceles se llenaron y tuvieron que ser trasladados al castillo de Montjuic -  el caso se conoció como "Proceso Montjuic"-. Posteriormente, entre 500 y 1.000 personas fueron detenidas y el Gobierno de Cánovas aprovecho el suceso para sacar una nueva ley que agravaba las penas a los anarquistas.
Entre los 44 heridos del atentado se encontraba un militar y el sumario se tramitó a través de la jurisdicción militar. Las irregularidades en el Consejo de Guerra, las torturas para arrancar confesiones y las penalidades que estaban sufriendo los absueltos por el tribunal, desencadenaron una fuerte campaña internacional. Incluso, se planteó la hipótesis, dado los elementos extraños y las incógnitas que rodearon al caso, de que el autor del atentado había sido la propia policía para poder desencadenar la represión posterior.
Así, los anarquistas que el pueblo había denostado  como asesinos se convirtieron en mártires mientras el gobierno se sentaba en el banquillo de los acusados.

Los vengadores

Casi todos los anarquistas aceptaban las sentencias gritando "¡Viva la anarquía. Mi muerte será vengada!" Y la venganza se cumplía. Por ejemplo, una semana después del ajusticiamiento  del anarquista francés Vaillant, al que por primera vez se impuso una pena capital  a pesar de no haber causado ninguna muerte, Émile Henry lanzó una bomba al café Terminus. Cuando le juzgaban justificó así sus actos:

"Bien, puesto que hacéis responsable a todo un partido del acto de un solo individuo y atacais en bloque, también nosostros atacaremos en bloque (…)  Estoy seguro de que mi cabeza no será la última que cortareis; otras caerán aún (…) Otros añadireis aún a la lisita sangrienta (…) Habeis ahorcado en Chicago, decapitado en Alemania, agarrotado en Jerez, fusilado en Barcelona (…) pero lo que jamás podríes destruir es la Anarquía!"

Sol Polo


   

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