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Edición 2008>> Noticia
ÁVILA - 7 de julio

Todos nacemos llorando

Enrique Abascal y Pilar Lago son felices y además, enseñan a otros a conseguir ese estado que nada tiene que ver con los burdos mensajes que nos ofrece la publicidad


E. Abascal y P. Jimenez, director y secretaria del curso 'Ser feliz y no morir en el intento'

Cuenta Enrique Abascal que en un programa de radio escuchó las palabras aflijidas de una mujer que tuvo que enfrentarse sola a la vida y al cuidado de sus hijos quienes, ahora, le echaban en cara su tristeza. "Una cosa es tener derecho a la felicidad y otra estar obligado a ser feliz", denuncia Abascal, porque muchas veces, previo a la felicidad, es necesario resolver otros problemas.

 


La felicidad es un aprendizaje porque nacemos llorando. Los bebés, frente a sentimientos negativos como el miedo, el dolor, el asco, sólo tienen un afecto positivo, la alegría. Por eso debemos aprender a ser felices. Incluso de las situaciones más terribles que puede plantearnos la vida podemos obtener una enseñanza. Es el caso de algunos supervivientes  de los campos de exterminio nazis  o de las víctimas del terrorismo, que se aplican en disfrutar todo lo que la vida les ofrece por pequeño o sencillo que sea.

Una de nuestras fuentes de felicidad más importante proviene del trato con los demás, del cariño que nos dan. De ahí la importancia de comunicarse, de hacer saber a los otros cómo nos sentimos para que puedan actuar en consecuencia. Tiene menos  posibilidades de ser feliz una persona introvertida  que una que no lo es, pero, como cuenta entre sonrisas Abascal, "yo he tenido mucha suerte porque siempre he estado rodeado de amigos extrovertidos".

Hoy las competencias emocionales están reducidas a una pequeña parte de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, pero Enrique es optimista y piensa que, en el futuro, tendrán el reconocimiento que se merecen en los planes de estudio.

Pilar Lago, profesora de musicoterapia, es más atrevida y dice que deberían inventarse las escuelas de "desaprender", como las llamaba el cantautor Facundo Cabral. Además, protesta por el abandono en que está sumida la educación musical. Pilar, gracias a su profesión,  se reconoce una mujer feliz que acepta las desgracias como una contrapartida inevitable. Y esa alegría la mantiene en "formol", joven y guapa, como todos podemos comprobar.

Para Pilar la vida está llena de música y, a través de la música, sabe ayudar y hacer felices a sus alumnos. Los enfermos de Alzheimer disfrutan con las  melodías que acompañaron los momentos importantes de su vida, porque las recuerdan. En sus clases los sordomudos cantan, los  enfermos de Parkinson  bailan y los niños con síndrome de Down olvidan que son diferentes.

Todos podemos ser felices, pero debemos aprender a serlo. Desde nuestros primeros meses de vida, desde el vientre materno… y la música y la danza siempre serán nuestros aliados irreductibles.

Sol Polo


   

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