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Edición 2008>> Noticia
GUADALAJARA - 8 de julio

Antonio Herrera Casado nos aproxima a la figura de Martín Vázquez de Arce: El Doncel de Sigüenza

El cronista provincial participa en el Curso de Verano 'El autor y el personaje'


Antonio Herrera Casado, cronista provincial de Guadalajara

"Martin Vázquez de Arce cavallero de la orden de Sanctiago que mataron los moros socorriendo el muy ilustre senor duque del Infantadgo su senor a cierta gente de jahen a la acequia gorda en la vega de Granada. Cobro en la hora su cuerpo fernando de arce su padre y sepultolo en esta su capilla ano MCCCCLXXXVI. Este ano se tomaron la cibdad de Loxa, las villas de Yllora, Moclin y Montefrio por cercos en que padre e hijo se hallaron" (Texto del epitafio en el muro)
Detalle del Sepulcro de El Doncel

Antonio Herrera Casado, cronista provincial de Guadalajara y gran conocedor de El Doncel y su época, nos acerca a la figura de Martín Vázquez de Arce  y a su época, a través de su ponencia en el curso El autor y el personaje.

La conocida estatua del Doncel, que se encuentra situada en una capilla de la Catedral de Sigüenza, es una de las esculturas más extraordinarias del arte universal. Realizada a fines del siglo XV por un autor anónimo, representa el cuerpo reclinado de un joven guerrero que, en su descanso eterno, medita sobre un libro que sostiene entre las manos.

El Personaje

La estatua representa a Martin Vázquez de Arce, joven caballero de la Orden Militar de Santiago y noble seguntino. Sus padres eran Fernando de Arce y Catalina Vázquez de Sosa, hidalgos que poseían tierras y casas en Sigüenza y su comarca, pero que vivieron a la sombra de los Mendoza, en Guadalajara. Y en esta ciudad fue donde el joven Martin se educó y se formó como un doncel de la corte mendocina, educado en las nuevas corrientes renacentistas como soldado y como intelectual.

Desde pequeño participó junto a los Mendoza alcarreños en sus cabalgadas contra los árabes del reino de Granada. Aunque muy joven, estuvo casado con dama de la que se ignora el nombre, dejando una hija, Ana, que le heredó en sus bienes y que posteriormente casaría con un Mendoza de tierras sorianas.

La muerte heroica de El Doncel

En la campaña del verano de 1486 contra el reino de Granada, Martin Vázquez de Arce formaba en el ejército del duque del Infantado. Una tarde del mes de julio, socorriendo a un grupo de soldados del obispo de Jaén, que se vieron en apuros frente al enemigo, Martin Vázquez y otros veinte soldados de Guadalajara cayeron en una emboscada de los árabes en el lugar denominado la Acequia Gorda, en la vega de Granada, muriendo en aquel momento. Su padre, que le acompañaba, recogió su cuerpo y lo enterró allí mismo, trasladándolo pocos años después a la capilla familiar de la catedral de Sigüenza, donde su hermano Fernando Vázquez, obispo de Canarias, había encargado un magnifico mausoleo.

El sepulcro

El Doncel de Sigüenza se encuentra enterrado en la capilla de San Juan y Santa Catalina de la catedral de esta ciudad castellana. Consta de un gran arco de medio punto, de esbeltísimas proporciones. La cama del sepulcro, escoltada por muy delgadas pilastrillas, descansa sobre los cuerpos de tres leones, que asoman arrogantes sus cabezas bajo ella.  El frente del sepulcro se divide en cinco fajas, de diversa anchura, ocupadas por motivos vegetales, y la central muestra el escudo del caballero, sostenido por dos pajes. El Doncel se representa en reposo apoyando su codo derecho sobre un haz de laureles.

Recostado, alza el torso para leer el libro que entre las manos sostiene, y meditar. Las piernas están indolentemente cruzadas. A sus pies, un pajecillo llora apoyado sobre el yelmo del caballero. Tras él, un león levanta la cabeza. La indumentaria del Doncel esta magníficamente realizada, y describe al detalle el hábito del militar castellano en la Edad Media: los brazos y las piernas se cubren de armadura metálica de piezas rígidas; el cuerpo lleva cota, que es de cuero por arriba, y de mallas metálicas abajo; su torso está aún revestido de una esclavina lisa, atada al cuello por corredizo cordón, y en el pecho se dibuja la roja cruz de la Orden de Santiago.

Del cinto cuelga la daga, y sobre la cabeza, peinada al estilo de la época, un bonete de paño. Descansa el caballero todo su cuerpo sobre la extendida capa. Y entre las manos, un grueso libro abierto en su mitad, que atentamente lee y al mismo tiempo le sirve de meditación. Como fondo del enterramiento, hay una cartela en la que, a caracteres góticos, lo mismo que en la pestana del sepulcro, se describe la hazaña del personaje. En la parte superior del enterramiento se ve una tabla semicircular, obra del primitivismo castellano de finales del siglo XV, en que aparecen juntas varias escenas de la Pasión de Cristo.

El autor de la estatua permanece desconocido. Su arte magnifico ha de proceder de algún taller de escultura de Castilla, posiblemente del que en la ciudad de Guadalajara tenía en aquellos años el maestro Sebastián de Almonacid. Pero con certeza no se conoce la mano que talló, allá en los años finales del siglo XV, tal maravilla sobre el alabastro.

Una tumba renacentista

En el sentido último que se quiere dar a la tumba renacentista entra en juego ese afán de trascendencia y significado múltiple que a toda representación artística se le da en el Renacimiento. Superando los modelos góticos que, a lo largo del siglo XV, especialmente en la Europa no italiana, se utilizan con generalidad, en los que se utiliza el modelo bajo arco, un énfasis individualizador del retrato del difunto, y un sentido escenográfico de la muerte que poco a poco irá dando paso a significados que preludian el concepto triunfal de la misma.

El sepulcro renacentista es, en última instancia, un monumento "egoísta", en el que se rinde culto al "yo" con exceso. Es lógico que sea así, en un momento en que se trata de exaltar el valor del individuo, no sólo en un sentido genérico, como ser inteligente y director de la naturaleza, sino de un grupo de individuos en particular: los poderosos, los dirigentes, los sabios y los guerreros. Y en ellos se tiende a calificar por encima de cualquier otra cosa la virtus del individuo, el valor que ha desarrollado a lo largo de su vida para vencer las dificultades que ésta le ha puesto. El sepulcro es, en cualquier caso, un monumento, cívico las más veces, que se localiza en el interior de la iglesia, en el interior de una capilla que viene a ser un templo familiar o un palacio familiar, un espacio reservado para ese grupo en la Eternidad.

El Simbolismo

La estatua del Doncel representa un joven guerrero en reposo. Idealiza el modo de vida de un caballero cristiano medieval. Está revestido con los arreos militares porque su oficio es la guerra. Tiene las piernas cruzadas, en señal de haber muerto y ser un cruzado o defensor de la Cruz de Cristo. Esta leyendo y meditando sobre un libro religioso, pues su fin último es alcanzar la Gloria. Apoya su codo derecho en el ramo de laureles que simboliza la victoria alcanzada en su batalla, pues ha muerto en defensa de la fe. El paje que llora junto a su casco se identifica con la tristeza que a todos embarga su muerte. Y los leones que sostienen el sepulcro dan idea de la resurrección que le espera.

Tres aspectos fundamentales sobresalen en esta consideración iconológica de la estatua del Doncel de Sigüenza:

Es la primera la representación de la concordatio entre las armas y las letras, tema éste que tanto había preocupado a los humanistas toscanos desde los días iniciales de su movimiento neoplatónico. A esa idea de la concordatio dirigieron todas sus acciones la mayoría de los caballeros italianos y españoles de la segunda mitad del siglo XV: uno de los que más destaco en su perfección y prestigio fue sin duda don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, en cuyo ámbito cultural surge la plasmación de esta escultura. Se me ocurre, aquí, una pregunta que nunca tendrá contestación: ¿Cómo sería el enterramiento del Marqués?, porque ya su hijo el primer conde de Tiendilla, cuyo sepulcro se conserva hoy, muy deteriorado, en el crucero de la iglesia de San Ginés de Guadalajara, le mostraba tendido, acompañado de un paje que lloraba a sus pies junto al casco del caballero, con vestimenta civil y un libro en las manos. ¿No seguiría el escultor de la figura de  Martín Vázquez un modelo ya probado con éxito y del que solo tenía que fijarse en el presbiterio de la iglesia conventual de San Francisco de Guadalajara?

Es la segunda la identificación del difunto con un personaje virtuoso, extraído del catálogo de viri illustribu del neoplatonismo florentino: no puede ser otro que Escipión, Suma de la virtud, guerrero y sabio. El acumulo de características de nobleza, de capacidad para la guerra y de humanidad en la acción intelectual, que el diseñador de la tumba de Martín Vázquez de Arce quiere poner, se extraen del discurso sobre Escipión que todos los escritores y pensadores contemporáneos han desarrollado. La identificación no sólo es fácil, sino que es obligada.

Como tercer elemento iconológico a extraer de esta tumba está la sublimación de la "Cruzada contra Ganada", representación en un ámbito estrictamente humanista de la lucha de "Toma contra Cartago" que en el Renacimiento marca los límites de toda lucha entre el ámbito social civilizado y el bárbaro: es la confrontación entre el Occidente cristiano y el Oriente infiel. El delfín contra el dragón. La victoria en todos estos enfrentamientos queda palpable en la estatua del Doncel. Ésa es su misión última: demostrar la victoria de la virtud a pesar de la muerte.

Pilar Herranz Cortijo


Más allá del retrato

El enterramiento del Doncel de Sigüenza va más allá de la simple representación de un retrato, más allá del recuerdo escueto de una persona: trata de traducir una Idea de la muerte, más concretamente de la Muerte del joven guerrero, cristiano, humanista y virtuoso.

Nota: Las imágenes del álbum de fotos han sido realizadas por los alumnos del curso



   
   
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