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Edición 2008>> Noticia
GUADALAJARA - 9 de julio

La ficción le ha ganado el pulso a la historia

José Luis Corral, escritor e historiador, es uno de los autores que participan en el curso 'El autor y el personaje'


El auge de la novela histórica se puede apreciar en los kioscos, muchos periódicos del país realizan ediciones de libros  para sus suplementos porque es un  género que vende, y vende mucho. Lo saben bien las editoriales, hoy, ninguna que se precie carece de una colección de novela histórica. Pero ¿hasta qué punto merece ser llamada así o es, simplemente,  una novela de ficción y muchas de las veces de pura fantasía? El marketing ha llegado a tal punto que hoy se fabrica un 'best seller' con dinero y una mezcla de sangre, sudor y semen.


José Luis del Corral reconoce que los historiadores españoles escriben mal, muy mal desde el punto de vista formal y "los historiadores sólo tenemos una forma de expresión que es nuestra palabra. Por eso la ficción está ganando el pulso a la historia". En la novela histórica debe introducirse la ficción, "la novela  es el sustantivo y la histórico es el adjetivo". Pero hay escritores que se creen que hacer una novela histórica consiste en tomar una situación del presente, por ejemplo una historia de amor entre dos adolescentes de instituto y llevarla al mundo romano, cuando los sentimientos de los hombres de entonces no son en absoluto iguales a los de ahora". Y claro que puede haber novela, que puede haber argumento, pero falla por todas las partes el adjetivo".
 
Muchas veces las manipulaciones son interesadas, como apunta sobre  la película Troya, donde para evitar reconocer el amor entre Aquiles y Patroclo, éste aparece como su primo. En la película, al igual que en la Iliada, que no deja de ser un relato épico, Aquiles no participa en la Guerra de Troya hasta que matan a Patroclo. Así, al eludir  "el  amor entre iguales", que era como se entendía el amor homosexual en el contexto de la época, el guión se viene abajo, porque sin ese amor apasionado no se entiende el despertar de la famosa ira de Aquiles, de su cólera, y se pierde la emoción.

Una buena novela, o película histórica, hubiera podido recrear esos amores que no aparecen de forma muy explícita en la Iliada, pero introduciendo los conocimientos históricos de cómo era el amor homosexual en la Grecia del siglo VIII.
 
Hay otros errores de intendencia que se producen en las cintas, como sacar tomates en Nazaret o tabaco en la Córdoba del sigo XI o retratar a Ramsés II en carros de combate cuando éstos no aparecieron hasta muchos siglos después.
 
Corral explica que el género, además de una buena trama, de manejar bien el  lenguaje y el argumento, requiere mucha investigación, respeto por la Historia y mucha técnica. Si no es así, se acaban falsificando los hechos. Y se incurre en defectos que aprecian los lectores "cultos" que gustan de este género porque también persiguen aprender.
 
Algunos 'best sellers', como el Código Da Vinci, aseguran estar basados en hechos reales pero son pura ficción, y otros éxitos editoriales, como las historias de catedrales góticas de Ken Follet, tienen una cantidad enorme de errores históricos.
 
Es difícil escribir una buena novela histórica, incluso libros tan interesantes como  El nombre de la rosa de Umberto Eco, donde se retrata magníficamente la polémica entre franciscanos y dominicos que realmente se estaba dando en torno a la  pobreza de la Iglesia, contiene fallos históricos, en este caso, de escenarios. Eco no es arqueólogo y los monasterios donde transcurre la trama corresponden a finales del  siglo XII, mientras que la acción transcurre a principios del XIV.

Un escritor no debe sentirse prisionero de la Historia, pero si la novela contiene demasiados errores históricos empieza a cojear y, en opinión de Corral, hoy hay demasiadas novelas cojas.

Sol Polo


   

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