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Edición 2008>> Noticia
GUADALAJARA - 14 de julio

Javier Reverte cuenta la historia de Pedro Páez de Xaramillo, el primer europeo que descubrió las fuentes del Nilo

Un viajero de verdad



Javier Reverte reconoce que se entiende mejor con lo africanos que con los japoneses o los suizos. "Hay algo en el África Austral que, nada más llegar, te hace sentir como en casa". Dice que la pobreza le duele, pero nos habla de cómo sonríe el africano. Piensa que Mandela es la esperanza, él y la solidaridad cada vez mayor que por primera vez se tiene hacia el continente.

Reverte se topó con Páez de Xaramillo estando en África, cuando consultaba "El Nilo Azul" de Moorehead, donde se menciona a tres jesuitas portugueses como los primeros en ver las fuentes del Nilo Azul. Luego descubrió que uno de ellos era español y como él le describe, un personaje fuera de serie.

Dice Reverte que se pierde en casi todos los viajes, eso le divierte y le ofrece temas para escribir. O se despista. En una ocasión quiso cruzar la frontera entre Sudán y Etiopía sin saber que estaban en guerra. Ante su insistencia pensaron que era un espía, ó un idiota, y le detuvieron. Necesitó la ayuda de la embajada para salir del apuro. Fue a cenar con el embajador quien le mostró los tres tomos de la edición portuguesa del libro de Xaramillo, la única que existe, e incluso le facilitó fotocopias.
Así empezó su admiración por este personaje que reúne las virtudes propias del Renacimiento: acción más reflexión, la aventura del espíritu y del cuerpo.

Pedro Páez de Xaramillo nació en 1564 en Olmeda de la Cebolla, hoy Olmeda de las Fuentes por mor de ese cambio que algunos pueblos quisieron hacer de sus nombres para refinarlos, como Chozas de la Sierra hoy llamado Soto del Real. 24 años atrás, la Compañía de Jesús había sido aprobada por el Papa y Francisco Javier, el misionero del Japón, ya se tenía como un santo en España.

"Id e inflamada el mundo"

Ésta era la consigna de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía, y Pedro Páez desde muy joven, apenas 16 años, decidió ser misionero en China o Japón siguiendo los pasos de Francisco Javier. Pero otro fue su camino y con 25 años, la Compañía le destina a Etiopía junto al padre Montserrat, un jesuita experimentado que había trazado el primer mapa del Tibet.
Ambos inician el peligroso viaje desde Goa (India) disfrazados de mercaderes, al poco tiempo caen prisioneros de los turcos de quienes fueron cautivos durante seis años llenos de pecuarias, que él aprovechó para aprender turco, hebreo y mejorar el árabe, idiomas que vinieron a sumarse al español, portugués y latín que ya dominaba.

En 1613 es enviado de nuevo y consigue llegar a la misión de Fremona en Etiopía, un país de culto ortodoxo, dependiente de la iglesia Copta de Alejandría. Aprende el amárico y el gue’ez, la antigua lengua etiope que se utiliza para la liturgia y los actos religiosos. Y se esfuerza por conocer las costumbres y la teología ortodoxa. Cuando le llama el rey, su don de gentes, su sabiduría, las respuestas que ofrece a los sacerdotes el niño que le acompaña educado por él en la misión, fascinan al soberano, el primero en convertirse.

En 1617 el padre Uretra, un dominico, edita "La Historia del Pestre Juan", un libro que describe a Etiopía como un país extraño donde habitan unicornios y los hombres y las mujeres tienen rabo. Sus superiores le preguntan si es verdad y Xaramillo, irritado, se pone a escribir la Historia de Etiopía como una respuesta epistolar. La obra terminó por abarcar cuatro tomos y en ella se describe, siguiendo la norma de la Compañía, todo lo relacionado con la sociedad etiope, la cultura, los hábitos…etc.

Páez muere en 1620 a causa de unas fiebres y es enterrado en el Palacio de Gorgora, "la casa de dos casas" como la llamaban, porque era la única en el país que tenía dos plantas, una residencia al pie del lago Tana que el Rey Susinios le había encargado construir. Páez realizó los planos e incluso diseñó las herramientas.

En el año 1700 un terremoto destruyó parte de los muros, que se vencieron sobre su tumba. Hoy, todo sigue igual.

En España Pedro Páez de Xaramillo es un gran desconocido, pero la enciclopedia británica le reconoce no sólo como el primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul, sino que también considera su Historia de Etiopía un libro imprescindible para el conocimiento del país.

Javier Reverte pone ante nuestros ojos esta historia de la Historia en su libro "Dios, el diablo y la aventura". Una obra que, una vez más, nos emociona.

Sol Polo

   

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