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Edición 2008>> Noticia
VILLABONA - 2 de julio

Jueces de cine y el arte de juzgar

David Ordóñez

El Centro Penitenciario de Villabona (Llanera, Asturias) acogió ayer la segunda jornada del curso El cine y el derecho. Uno de los ponentes fue el magistrado David Ordóñez Solís, doctor en Derecho y profesor tutor del Centro Asociado de la UNED en Asturias, que impartió la conferencia titulada Jueces de cine y el arte de juzgar: del juez de la horca al juez profesional.

Tras una sólida introducción, en la que explicó cómo ha evolucionado la figura del juez desde las sociedades primitivas hasta nuestros días, David Ordóñez hizo referencia a los jueces en la ficción y en el cine, valiéndose de los ejemplos de Salomón, Sancho Panza y Roy Bean, el personaje al que Paul Newman dio vida en la película El juez de la horca (John Huston, 1972). El primero destaca por conjugar justicia y sabiduría; el segundo resuelve tres litigios en el Quijote "con admirable juicio"; mientras que el peculiar Roy Bean "siempre hacía justicia a su manera”.

Sobre la decisión del juez en la ficción, el profesor tomó como ejemplo Vencedores y vencidos (El juicio de Núremberg) (Stanley Kramer, 1961), un largometraje en el que Spencer Tracy interpreta a Dan Haywood, el magistrado que en 1948 presidió el juicio contra cuatro jueces nazis acusados de colaborar con Hitler. El tribunal dicta su veredicto rodeado de unas determinadas circunstancias, tanto políticas como sociales, que lo influyen inevitablemente.

Ordóñez también comentó las diferencias esenciales entre las figuras públicas de los jueces norteamericanos y los europeos: “en Estados Unidos sus jueces supremos constituyen prototipos de hombres públicos, bien conocidos y polémicos hasta el punto de que la historia política e intelectual norteamericana no se entendería sin referirse a los grandes jueces”. Y, según explicó, esto ocurre porque en América los jueces hicieron la revolución, ganándose así la confianza del pueblo; en cambio, en Europa la revolución democrática fue “también contra los jueces y a su pesar”.

De nuevo en lo que respecta a la literatura y el cine, el profesor Ordóñez concluyó que la ficción acentúa las virtudes y los defectos de los jueces que hay, hasta el punto de convertir a algunos de ellos en caricaturas de las sociedades en las que viven, “como es el caso de Roy Bean, el juez de la horca en el lejano Oeste, que imponía su ley primaria y amable”.

Pablo Núñez


   
   
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