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Edición 2008>> Noticia
ALBOLOTE - 3 de julio

Un balón de oxígeno

Curso de Verano en el Centro Penitenciario de Albolote


Un interno graba la actuación del grupo de teatro Educación Permanente

24 estudiantes de la UNED matriculados en el Centro Asociado de Motril, en Granada, comparten aula con internos en un curso sobre la literatura en la cárcel como puerta a la esperanza que se celebra en el Centro Penitenciario de Albolote. En la inauguración, el grupo de teatro Educación Permanente interpretó fragmentos de algunas de las obras más representativas del romanticismo literario español.

Punto de Encuentro: la puerta de la cárcel

Son poco más de las nueve de la mañana cuando los estudiantes, que han recorrido decenas de kilómetros, se van congregando a la puerta de la cárcel. Las nueve de la mañana y se busca ya una sombra para esperar a que los coches vayan llegando, el grupo esté completo y se pueda pasar. Algunos se conocen del año pasado y otros del Centro Asociado de Motril, al que pertenecen.

Los estudiantes

Elena López espera junto a su amigo Ángel Valero. Primero estudió en Noruega, donde vivía, pero al volver a España su título no era convalidable y decidió cursar Turismo en la UNED. Trabaja con Ángel en una comisaría. Ambos se preparan para opositar al Cuerpo Nacional de Policía.

"Me interesa este curso primero por la UNED, y luego por la relación entre la policía y los presos. Sé lo importante que es para ellos este tipo de actividades porque trato constantemente con detenidos. Muchos cometen delitos por falta de motivación en su vida".

Varios tatuajes de figuras geométricas, bien delineados con tinta reciente, de buena calidad, cubren los antebrazos del chico que está apartado del grupo de estudiantes. Lleva las orejas perforadas y adornadas con dos arandelas oscuras incrustadas. El tópico remitiría a un interno. Es Óscar Medina, repartidor y estudiante de Educación Social.

"Trabajo en SEUR. El año pasado me saqué el acceso y este me he matriculado en la carrera. Como trabajo por las tardes, no puedo ir a las tutorías y no conozco a nadie. Este curso me interesó también por saber cómo era la cárcel".

El Centro Penitenciario

Identificación, paso por el detector, los bolsos en las taquillas, puertas que se abren y se cierran a nuestras espaldas. Risas nerviosas, cuchicheos, bromitas del grupo, miradas que se escapan a las ventanas enrejadas, hasta ir adentrándonos en un centro con jardines cuidados, fuentes, salas con un mural que recrea la Alhambra… para desembocar en el salón de actos, donde esperan ya, sentados, los estudiantes internos.

Los Datos

24 estudiantes externos de la UNED se han matriculado en el curso de verano La Literatura en la cárcel: una puerta a la esperanza. Comparten clases con 75 internos durante tres días. Los estudiantes externos cursan Educación Social, Turismo e Historia.

Albolote vivió el curso pasado la experiencia piloto de abrir los cursos a alumnos del exterior. Este año, los diez cursos que se celebran en Centros Penitenciarios lo son.

La presentación

Antonio Viedma, vicerrector de Estudiantes y Desarrollo Profesional, cuenta como "en el año 77 la UNED entra en Carabanchel de la mano de un grupo de profesores que intentan dar oportunidades a gente que no pudo estudiar antes, que ve poder estudiar como algo inalcanzable, para otros, o no propio de este ámbito. La UNED se empeña en demostrar que esto no es así. 5.000 alumnos han pasado por el programa de estudios en Centros Penitenciarios".

Los profesores del Centro de Albolote definieron el curso de verano como "un balón de oxígeno".

La conferencia

"El libro más traducido en el mundo, después de La Biblia, se escribió en la cárcel", comienza el profesor Chirveches, cautivando la atención de todos al hablar de El Quijote, haciendo un repaso de las penas que a lo largo de la historia han padecido los reos y su reflejo en la literatura. Cuenta muchas formas de prisión: gayola, talego, trena, chirona, secadero… ante un silencio respetuoso por el relato impecable del maestro funcionario.

El descanso

Tiene los ojos tan verdes que se te escapa el "vaya ojos" cuando te lo presentan y, acto seguido, el "te lo habrán dicho mil veces". Los ojos verdes y una melena envidiable. No sé si se llama Pedro o José. Es un estudiante interno, que nos cuenta su historia y lamenta que su madre se ha olvidado de traerle los folios. "Mi madre es policía", añade, y sonríe con gesto tímido. Pedro o José nos cuenta que da clase a los del módulo de los más jóvenes.

Y se cae en la cuenta de que uno no imagina a un policía con el hijo en la cárcel, ni casi imaginar puede que la policía con un hijo en la cárcel sea una mujer… que ha olvidado traer los folios a su guapo -guapísimo- hijo estudiante.

El Teatro

Elegantes maestros de ceremonias, un mendigo, soldados en traje de gala, un cura junto a una mujer de vida alegre… son los personajes que perfectamente ataviados van tomando el escenario. Es el grupo de teatro Educación Permanente, que recita Yo no sé lo que busco, de Rosalía de Castro; Qué solos se quedan los muertos, de Bécquer, o la Vida Humana de Espronceda. El salón de actos del centro penitenciario es en un instante el teatro más elegante de la ciudad, lleno de las mismas palabras y  acordes.

La compañía actúa desinteresadamente, así que después los actrices y actores son invitados a probar el resultado del taller de cocina y pan que ha tenido lugar el día anterior.

La salida

Las horas han pasado rápidamente. Se desanda el camino hacia el exterior. Las mismas puertas y controles de identidad. Los estudiantes, que ya se han ido conociendo, bromean con el pan que han regalado a una de ellas "para hacer las migas".

Esperan la apertura de una puerta cristalera cuando una cría se cae del nido que han construido sus padres en el pequeño soportal. Entre los que esperan, un hombre vestido con un traje crema se agacha, coge del suelo la bola de plumas con dos diminutos ojos aterrados, llama a uno de los internos que se alejaban, trabajando en el patio –Paco-, a quien se acerca y le pasa, con suavidad, el pequeño bulto vivo.

Paco casi sonríe y casi le devuelve la sonrisa el hombre del traje crema, Nahum Álvarez, el director de la prisión, quien invitó en su bienvenida al curso a que "conozcáis un poquito el centro penitenciario y que transmitáis lo que hayáis visto, ni bien, ni mal, sólo lo que veáis, para evitar muchos de los prejuicios que hay fuera".

Así lo hemos hecho.

Leonor García


   
   
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