'Estamos haciendo niños de cristal: duros y frágiles'
Coincidiendo con la aparición en los medios de dos nuevos casos de agresión a dos madres andaluzas, Javier Urra Portillo, psicólogo de la Fiscalía de Menores y Ex-defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, ha abierto en el Centro Asociado de la UNED en Motril el curso Cambios sociales y familiares: del padre autoritario al hijo dictador, cuya programación, al hilo de los hechos, resulta tan necesaria como oportuna.
Tras la inauguración del curso por parte de José Antonio Ruiz Caballero, que destacó el éxito de participación alcanzado por el curso dado el interés y la actualidad de este “perverso fenómeno”, Javier Urra incidió, desde su amplia y directa experiencia, en algunos aspectos de un problema que tiene dimensiones preocupantes. En la institución en la que trabaja se reciben en torno a 8.000 denuncias al año de padres contra sus hijos por malos tratos, cifra que sólo es una pequeña fracción de los casos que se producen, porque la mayoría de ellos no se llevan a los tribunales por diversas razones.
Se suelen dar en secciones sociales medias y altas según una escala socioeconómica, y son consecuencia de una falla educativa que sitúa al hijo, cuyo cariño se trata de comprar, en el centro de todo. Se llega a hacerle creer que todo gira en torno a él. Se diluye entonces el concepto del deber y el sentido del esfuerzo y el hijo se va convirtiendo en una persona que sigue la ley del “aquí y ahora”, que se revuelve agresivamente contra la más mínima frustración desde la actitud narcisista que acaba desarrollando. También la sociedad en su conjunto contribuye a acrecentar el problema desplegando una sobreprotección nociva; una “sociedad algodonosa” en palabras de Javier Urra, que elude responsabilizar al menor de sus propios actos, sustrayéndolo de cualquier sentimiento de culpabilidad como él mismo puede comprobar a menudo cuando asiste al rechazo y falta comprensión con los que muchos menores reciben condenas incluso por graves delitos.
Calificó al menor conflictivo como un deficiente social, que no sólo es un problema para los padres que sufren sus abusos y violencia en una relación contra natura, sino que es un problema para la sociedad a la que se acabará incorporando.
Pero además aclaró que ningún menor está predeterminado a ser violento y tiránico. La educación y una adecuada socialización son las mejores soluciones al problema, aplicadas con constancia por los padres desde la autoridad para inculcar en sus hijos la conciencia moral necesaria para que lleguen a ser adultos bien integrados en su futuro, que de otra forma será poco halagüeño para ellos y para cuántos les rodeen.