En una concepción estrecha de la Gramática, la Morfología y la Sintaxis son las dos partes o disciplinas que aquella comprehende, si bien, por su ineludible interrelación, tratadas a veces –a nuestro juicio, con poco acierto– como una única, la Morfosintaxis; en una concepción más ancha –donde cabe situar autores como A. Alonso y P. Henríquez Ureña (1939), S. Fernández Ramírez (1951), la RAE (Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, 1973), R. Seco (1967), M. Seco (1973), J. Alcina y J. M. Blecua (1975)…, muchos adscritos a la corriente tradicional–, la Gramática incluye además el componente fonológico e, incluso, ortográfico; la quizá última gramática del español anterior a la Nueva gramática de la lengua española de la RAE (2009), la Gramática descriptiva de la lengua española (1999), coordinada por I. Bosque y V. Demonte, aunque se desentiende del nivel fónico (solo tratado circunstancialmente en algunos capítulos, como el fenómeno de alomorfia), da entrada a los componentes textual y pragmático. La Academia, en la Nueva gramática, parece adoptar una concepción ancha de la Gramática al quedar articulada en los tres componentes clásicos, la Fonología / Fonética (3.º vol.), la Morfología (1.º vol.) y la Sintaxis (1.º y 2.º vols.). La visión estricta de la Gramática es la seguida por A. Bello (1830) en su Gramática de la lengua castellana, aunque en ella no se establece una distinción de las dos partes, Morfología y Sintaxis..
La Morfología tiene por objeto de estudio, esencialmente, dos hechos o capítulos de gramática: las clases de palabras o categorías gramaticales, conocidas también tradicionalmente como las partes de la oración, y la estructura interna de las palabras y los procesos de formación de estas. En la primera vertiente, la Morfología comparte con la Sintaxis, aunque desde distinto ángulo, el objeto de estudio: la palabra, unidad básica y esencial del análisis sintáctico y unidad superior o marco del análisis morfológico; en la segunda vertiente, la Morfología estudia dos tipos de fenómenos distintos, los flexivos y los derivativos, y de ahí que pueda hablarse de dos tipos de morfología: morfología flexiva, que puede ser nominal y verbal, según atienda a los constituyentes morfológicos del nombre (morfemas de género y número…) o a los constituyentes morfológicos del verbo (morfemas de tiempo, modo, persona, número…), respectivamente, y morfología léxica o derivativa, que estudia fundamentalmente los morfemas léxicos y los procesos formativos (afijos, derivación, composición, parasíntesis…). Aquella está más ligada a la Sintaxis y esta, a la Lexicología.
La Morfología, como otras materias, puede estudiarse desde dos perspectivas: la sincrónica y la diacrónica. «Morfología de la lengua española» atiende a los hechos sincrónicos, en tanto que «Morfosintaxis histórica de la lengua española» se preocupa de los aspectos históricos y evolutivos; si bien cabe advertir, como ya lo sentenciara Ferdinand de Saussure en su Curso, que es realmente imposible una división tajante, sobre todo cuando se trata de determinar el proceso de formación que ha seguido una palabra compleja.