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LAUDATIO Mozart Víctor Russomano

Doctor Honoris Causa por la UNED 2003

Fernando Suárez González. Catedrático de Derecho del Trabajo de la UNED

Excelentísima y Magnífica Señora Rectora,
dignísimas autoridades académicas,
Claustro Universitario,
señoras y señores:

Cualquiera que abra el "Curso de Derecho del Trabajo" escrito por D. Eugenio Pérez Botija en 1948 se dará cuenta enseguida de la enorme atención que en él se presta a la doctrina iberoamericana.
Los nombres de Cabanellas, Caldera, Cesarino Junior, Mario de la Cueva, Despontin, Deveali, Martíns Catharino, Pérez Patón, Américo Plá, Ruprecht, Sussekind, Tissembaum o Walker Linares -y, por supuesto, Mozart Víctor Russomano- aparecen con frecuencia, no ya en el "Curso" sino en toda la amplia bibliografía de Pérez Botija y quienes tuvimos la honra de ser en algún momento discípulos suyos recibimos en más de una ocasión la recomendación de que conociéramos bien
las obras de nuestros compañeros de América.


Gaspar Bayón Chacón, segundo en el orden cronológico de los catedráticos españoles de la disciplina, mantuvo también contacto frecuente e intercambio científico con los maestros de los países de América, contacto e intercambio que fueron ejemplares en el caso del maestro Manuel Alonso Olea, cuya impresionante aportación al Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social fue conocida y admirada en Iberoamérica, tanto como en España. Y digo "tanto como en España", porque difícilmente superará nadie la admiración que aquí le teníamos. Tampoco nadie superará el dolor que a mí me produce su ausencia en este acto, en el que me consta directa y personalmente la ilusión que tenía puesta, precisamente porque él sabía como nadie lo mucho que merece Mozart Víctor Russomano su investidura como Doctor Honoris Causa por la única Universidad Nacional de España. Nunca podremos hablar con mayor fundamento de una pérdida irreparable.

En la línea de esas grandes figuras del laboralismo español y con la humildad de quien sólo podría aspirar a parecerse lejanamente a ellos, yo mismo estudié desde el principio de mi carrera docente la obra, interesantísima y siempre brillante, del Profesor Russomano. Mal podía yo imaginar, cuando citaba con frecuencia su autoridad en mi tesis doctoral de hace ya cuarenta y cinco años, no sólo que iba a tener el privilegio de conocerle y de verme premiado con su consideración y su afecto, sino que además me honraría participando en esta solemnidad universitaria. Sé bien que lo hago por la benevolencia de mi colega y antiguo Rector nuestro, el Profesor Montalvo Correa, pero ello no disminuye el honor de ver mi nombre enlazado con los suyos.

Mozar Víctor Russomano, cultivador eminente del Derecho del Trabajo, lo ha hecho con ejemplar dedicación y por eso ha sido requerido para aplicar sus saberes a la enseñanza, a la justicia, a la Organización de Estados Americanos y a la Organización Internacional del Trabajo. Todos los presentes saben ya que ha ejercido su cátedra durante más de cincuenta años, que ha sido Ministro Vitalicio del Tribunal Superior de Trabajo de Brasil, cuya Presidencia ocupó durante varios años, o que ha representado a su país en la Organización Internacional del Trabajo, de cuyo Consejo de Administración fue Presidente allá por los años 1987-1988.

Cincuenta volúmenes de obras jurídicas, a los que había que sumar textos legales y decisiones jurisprudenciales escritos de su puño y letra acreditan una verdadera obra maestra. No resultándome posible resumir siquiera sus construcciones doctrinales, la sutileza con que aborda los problemas laborales y sus justas soluciones desde perspectivas exquisitamente jurídicas o su autoridad como procesalista y como maestro de jueces, me referiré solo a una característica fundamental del Derecho del Trabajo brasileño que no se puede conocer a fondo sin acudir al maestro Russomano: En el Derecho brasileño, la Jurisdicción laboral tiene competencia para resolver tanto los conflictos individuales como los colectivos y, dentro de éstos, tanto los conflictos jurídicos -en los que se discute la aplicación de una norma preexistente- como los conflictos de intereses, en los que el Juez es creador de Derecho y cuya sentencia tiene verdadero carácter de norma. Las sentencias normativas tienen su primer especialista en Mozart Víctor Russomano, por citar -corno digo- una sola de sus magistrales especializaciones.

Pero Russomano no es sólo un jurista eminente, sino también un distinguidísimo escritor entre cuyas obras figuran poemas, crónicas y discursos singulares. Su dominio absoluto de la lengua española, en sus dimensiones literaria y científica, y la satisfacción con que se expresa en la misma siempre que la ocasión lo permite, constituye ya una peculiaridad de este Profesor brasileño que a lo largo de toda su vida ha demostrado su afecto por España y por su cultura.

Impulsor y organizador de las Jornadas Hispano-Luso-Brasileñas de Derecho del Trabajo que han permitido la frecuente presencia de juristas españoles en Brasil y Portugal, ese sólo hecho le haría merecedor de un Doctorado Honoris Causa por cualquier Universidad española, pero la dimensión de su hispanismo aconsejaba que el homenaje tuviera carácter nacional y así lo han entendido las autoridades de esta Casa de Estudios, a quienes los laboralistas debemos también mostrar nuestro agradecimiento.

Gozosos de contar en nuestro Claustro de Doctores con la personalidad descollante del Profesor Russomano, gozosos también de comprobar la lucidez con que nos sigue enseñando cuando supera ya los ochenta años y deseando disfrutar aún durante muchos más de su orientación y de su consejo, maestro, por toda su vida, le damos estremecidamente las gracias. He dicho.

Madrid, marzo 2003