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LA NECESIDAD DE SENTIRSE QUERIDO: EL VÍNCULO DE APEGO A LO LARGO DE LA INFANCIA

Cod.22202417
PRESENTACIÓN

El mundo social, afectivo emocional de los individuos es amplio y complejo. El bienestar emocional y social, es una fuente de seguridad personal o, por el contrario, puede convertirse en el desencadenante de inseguridades cuando no de sufrimiento. Su trascendencia puede observarse en múltiples órdenes y aspectos de la vida. Estas premisas, válidas para los individuos adultos, lo son en mayor medida en las primeras etapas de la vida.

          Durante los primeros años de la vida, se construyen los cimientos de la vida social, emocional y afectiva. La cualidad de las relaciones afectivas durante esta etapa, repercute en el desarrollo social y afectivo a lo largo de la vida. El núcleo social desde el que se despliega el mundo afectivo y emocional del bebé es la familia. En ella, se produce el establecimiento de la primera relación diádica, compuesta por la madre o cuidador principal y el bebé, en lo que pudiéramos llamar una sintonía especial, que culmina con el establecimiento de una vinculación emocional, en lo que se denomina vínculo de apego. La expresión de este vínculo hacia la madre o cuidador principal es un conjunto de conductas denominadas sistema comportamental de apego. Este conjunto de acciones del niño, permiten analizar ante situaciones percibidas como amenazantes para el niño, la relación entre el deseo y la necesidad de estar físicamente de la madre y el deseo de explorar el entorno.

          Durante los primeros años de vida, el niño va aprendiendo cuál es la respuesta del cuidador principal a sus demandas de afecto, seguridad y cuidado. Desde la consistencia (positiva o negativa) o la inconsistencia de estas respuestas, va construyendo una representación mental no sólo de su relación afectiva y emocional con su figura de apego, sino de sí mismo, de los otros y de las relaciones. En este sentido, el apego no sólo concierne al ámbito de lo emocional sino también al cognitivo y a la combinación de ambos. Nuestras creencias y expectativas acerca de las relaciones afectivas (de apego o no), de las otras personas y de nosotros mismos en ellas, determinan en gran medida el tipo de relaciones que mantenemos a lo largo de nuestra vida. Es decir, nuestras relaciones afectivas se ven influidas por un conjunto de sentimientos, recuerdos, ideas y expectativas acerca de las actitudes y comportamientos de las personas en sus relaciones interpersonales. Por tanto, desde estas representaciones tempranas, se establecen relaciones entre las emociones y los pensamientos de apego.

          Tanto el ámbito emocional como el cognitivo así como el mundo social cambian y progresan a lo largo de toda la infancia. Ello supone que las relaciones sociales y afectivas de los individuos también se modifican. Los niños amplían las relaciones afectivas y diversos adultos pasan a considerarse figuras relevantes de cuidado o de afecto. Los iguales empiezan y se consolidan como figuras de referencia emocional y social de los niños. Por lo demás, la comprensión del niño del mundo afectivo y social va también modificándose y ajustándose a lo largo de la infancia.

          Aunque desde los años 50 el estudio del apego ha supuesto un fructífero campo de trabajo desde muy diferentes perspectivas, nuestra comprensión de cómo se desarrollan las  relaciones afectivas a lo largo de la infancia y su trascendencia para el desarrollo psicológico sigue siendo una fuente inagotable de investigación.