Accesos directos a las distintas zonas del curso

Ir a los contenidos

Ir a menú navegación principal

Ir a menú pie de página

HISTORIA DEL ARTE DE LA BAJA EDAD MEDIA

Curso 2017/2018 Subject code67901014

HISTORIA DEL ARTE DE LA BAJA EDAD MEDIA

SUBJECT NAME
HISTORIA DEL ARTE DE LA BAJA EDAD MEDIA
CODE
67901014
SESSION
2017/2018
DEPARTMENT
DEGREE IN WHICH IT IS OFFERED
ECTS
0
HOURS
0.0
PERIOD
SEMESTRE  
LANGUAGES AVAILALBLE

PRESENTACIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN

El término gótico fue utilizado por primera vez en 1550 por el gran historiador del arte italiano Giorgio Vasari: con él quería adjetivar el "oscuro" arte de la Edad Media frente al glorioso pasado de la Antigüedad clásica. Según esta definición, el arte gótico era sinónimo de bárbaro y estaba cargado de connotaciones peyorativas. La imagen de la Edad Media como un tiempo de torpeza y de incultura y el menosprecio de su arte se mantienen hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando el movimiento romántico descubre, con asombrosa admiración, la arrolladora fuerza y originalidad del Gótico, sobre todo de manos del joven Goethe. Se sueña a partir de este momento con un renacimiento del arte medieval, llenándose de contenido nuevamente al término gótico, que empieza a distinguirse y separarse claramente del románico. El entusiasmo romántico y el movimiento historicista llevan a cabo amplias restauraciones de edificios medievales, llegando a instituir el estilo neogótico, arquitectura realizada a imitación de la gótica medieval.

La constante investigación moderna sobre este período ha circunscrito su tiempo y su contenido y ha delimitado etapas de evolución dentro del propio estilo. Simultáneamente, ha puesto de manifiesto su enorme complejidad y diversidad y la dificultad de tratar de ajustarlo a un esquema temporal o territorial muy estricto. Teniendo en cuenta estos matices, actualmente entendemos como gótico un amplio período artístico del mundo occidental que, según los países y las regiones de Europa, se desarrolla en momentos cronológicos diversos pero que, de forma general, podemos establecer desde mediados del siglo XII hasta comienzos del XVI, ofreciendo en su dilatada expansión diferencias profundas en los diferentes territorios.

Por otra parte, conviviendo con este arte cristiano y europeo todavía se mantuvo viva –durante estos largos siglos del gótico- la estética islámica que dentro del territorio hispano fue capaz de crear un arte propio de enorme riqueza y originalidad, el hispanomusulmán y el mudéjar.

La catedral es el edificio simbólico de esta Baja Edad Media, y es gracias al empeño por construir catedrales como se codifica el estilo, concretamente en la región de Îlle-de-France (Francia), y como se produce la difusión del mismo por toda Europa. Su construcción va a representar el empeño de toda la colectividad: es el símbolo de la confianza de la ciudad en su capacidad, sus recursos, su riqueza y su prestigio. Es el elemento de referencia espiritual y física en el que el arte materializa no sólo la religiosidad o la piedad de su sociedad sino que también sirve de espacio ciudadano utilizado para la concentración, el encuentro e incluso el mercado, así como para la liberación de las tensiones de la sociedad a través de la celebración religiosa.

La catedral se convierte por excelencia en el espacio del templo gótico, donde se plasma de manera genial y asombrosa el presentimiento que el hombre de la época alcanza del mundo sobrenatural; reflejo asimismo de una nueva concepción del arte y, con ello, también una forma diferente de entender el mundo a como lo había hecho el hombre románico. La nueva arquitectura pretende acercar a los fieles, de una manera vivencial y casi palpable, los valores religiosos y simbólicos de la época. Para lograr esta materialización espiritual se hizo preciso el desarrollo de una novedosa técnica constructiva, en la que elementos como el arco apuntado -u ojival- o la bóveda de ojivas son empleados de forma sistemática -por lo que durante un tiempo este estilo fue conocido también como ojival- permitiendo una profunda metamorfosis del espacio interior –con respecto a las arquitecturas cristinas precedentes, sobre todo la románica-, acentuada por la nueva ordenación de los apoyos exentos o adosados al muro y también por el aligeramiento de su estructura, que queda modelada y se hace visible de forma original gracias a la luz coloreada de las vidrieras.

La catedral se va a llenar de luz, este es el elemento que conforma realmente el nuevo espacio gótico. Será una luz física, no figurada en pinturas y mosaicos, luz general y difusa, no concentrada en puntos y dirigida como si de focos se tratase, a la vez que es una luz transfigurada y coloreada mediante el juego de las vidrieras, que trasforma el espacio en irreal y simbólico. La luz está entendida como la sublimación de la divinidad. La simbología domina a los artistas de la época: la Escuela de Chartres considera la luz como el elemento más noble de los fenómenos naturales, el menos material, la aproximación más cercana a la forma pura. El arquitecto gótico organiza una estructura que le permite, mediante una sabia utilización de la técnica, emplear la luz, una luz que desmaterializa los elementos del edificio consiguiendo sensaciones de elevación e ingravidez.

En medio de la ciudad la catedral va a destacar sobre el resto de sus edificios por su monumentalidad y grandeza, caracterizando los núcleos urbanos medievales. Los volúmenes van a quedar escondidos en juegos infinitos de arbotantes, pináculos, haces de columnas y arcos apuntados. Las fachadas principales se van a disponer, siguiendo la tradición de la arquitectura normanda, mediante grandes portadas flanqueadas por torres esquinales.

Una vez que el modelo francés se difunde y se implanta por toda Europa, el estilo se personalizó en cada territorio y todavía gozó de enorme ímpetu y gran capacidad de transformación. Las formas puramente arquitectónicas se complicaron y se enriquecieron con fines propiamente decorativos; en cada territorio este gótico más ornamental tuvo su peculiar forma de expresarse dando lugar a movimientos como el flamígero, el perpendicular, el isabelino o el manuelino. Esta diversidad va a ser una de las notas dominantes y se acentuará más a medida que el estilo se perpetúa hacia el siglo XVI. Al mismo tiempo esta fructífera fase final se va a ver enriquecida por la diversidad que impone una pujante arquitectura civil que cubre las ciudades de flamantes edificios representativos de los distintos poderes –religioso, nobiliario, regio o municipal-, y desde el punto de vista del historiador del arte por una riqueza documental que nos suministra una rica información sobre personalidades, procesos, encargos, etc., una realidad histórica sobre la practica artística desconocida en las fases anteriores de la Edad Media.

Y fue esta diversidad la que permitió valiosas oquedades que abrieron decididos caminos hacia el renacimiento, esta vez desde los supuestos de la renovación pictórica que realizan los artistas del Trecento italiano y los pintores de los Países Bajos en el siglo XV.

Partiendo de este planteamiento inicial, la asignatura de “Historia del arte en la Baja Edad Media”, ha sido dividida en diferentes temas con la pretensión de lograr el objetivo primordial del Equipo Docente de la misma que es facilitar el estudio y aprendizaje de un período artístico complejo y fecundo, permitiendo una aproximación –que no pretende ser exhaustiva- a sus preocupaciones artísticas, sus obras y sus artistas, así como a sus innovaciones y sus inmovilismos.


 


La Historia del Arte de la Baja Edad Media es una asignatura obligatoria de carácter semestral adscrita a los títulos de Graduado en Historia del Arte y Graduado en Historia de la UNED. Le corresponden 6 créditos ECTS y se cursa en el segundo semestre del primer año de ambos títulos. Está integrada a su vez en una materia más amplia, dentro de la cual se encuentran cinco asignaturas obligatorias en el título de Graduado en Historia del Arte, que abarcan desde la Prehistoria hasta la Baja Edad Media.

El estudio de la materia pretende otorgar al alumno los conocimientos teóricos y las habilidades prácticas que le permitan ejercer su actividad profesional en relación con la materia desde dos premisas básicas: la adquisición de un conocimiento crítico, riguroso y actualizado de sus contenidos y el desarrollo de actividades específicas vinculadas a su campo de estudio que estén directamente relacionadas con el trabajo que puede realizar en la actualidad un historiador del arte en el ámbito de la gestión cultural, la protección, conservación y divulgación del patrimonio, los museos, etc. en el campo del arte medieval.
 

La asignatura se estructura a partir de la clásica cronología propia de la Historia que la divide en "edades" -calificada cada una de ellas por un criterio de localización en el tiempo- y, por lo tanto, tiene como fundamento una relación directa entre el hecho artístico y su secuencia temporal e histórica. De esta cronología recibe su nombre: Historia del Arte de la Baja Edad Media, y a partir de esta perspectiva histórica, la asignatura reflexiona sobre todo el periodo gótico hasta la irrupción del Renacimiento.

Sin embargo, esta fase no es del todo autónoma sino que se interpreta como un fragmento de un periodo más amplio, la Edad Media, es decir, del tiempo histórico que va desde el ocaso del mundo antiguo hasta la era moderna, lo que supone un tiempo total aproximado de un milenio. Atendiendo a este criterio temporal e histórico, la materia que recoge esta asignatura se complementa con la integrante en la asignatura denominada Historia del Arte de la Alta y la Plena Edad Media, que estudia el periodo del arte europeo occidental que va desde la ruptura y descomposición de la unidad que había supuesto el Imperio Romano hasta la formación del la Europa románica.

De forma específica esta asignatura aborda el estudio, análisis y definición de los objetos artísticos producidos no sólo por el estilo gótico cristiano, sino también las aportaciones que provienen del mundo islámico y las novedades derivadas de la evolución de la pintura flamenca e italiana, que desembocarán en el Renacimiento. Partiendo de estos supuestos, el estudio de esta asignatura permitirá al alumno conocer el arte de este período de una forma global, estableciendo una progresión evolutiva con la realidad que le precede y con los planteamientos posteriores que desembocarán en nuevas soluciones plásticas.

La asignatura es, por tanto, primordial dentro de la formación de un futuro graduado en Historia del Arte e Historia. Su estudio supondrá para los alumnos de ambos grados una toma de contacto con el vocabulario artístico específico, imprescindible para el dominio de la materia, facilitando al tiempo la adquisición de los conocimientos teóricos suficientes y de las habilidades prácticas necesarias para realizar una correcta interpretación y comentario de las obras de arte.