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Madrid, 29 de mayo de 2017




La mala salud de las mujeres cuidadoras de más de 50 años


Las españolas de más de 50 años que cuidan de familiares dependientes perciben y manifiestan un mal estado de salud, que aumenta con la edad. En el resto de Europa, sólo las estonianas declaran peores condiciones de bienestar en cuanto a sus condiciones físicas, cognitivas y emocionales. Dados los derroteros demográficos que abocan a nuestro país a un envejecimiento progresivo de la población, es necesaria la implantación de políticas sociales que permitan la consolidación de redes de apoyo y la conciliación de las obligaciones familiares de cuidado con las laborales.




Estas son las conclusiones del informe “Salud en la vida adulta y su relación con el envejecimiento saludable: Tendencias actuales, oportunidades y retos futuros en España’”, elaborado para la Fundación Mapfre por un equipo de investigación de la UNED liderado por Rosa Gómez Redondo -catedrática de la UNED, experta en demografía, longevidad y envejecimiento saludable-, e integrado por Celia Fernández Carro, Noelia Cámara Izquierdo y Aina Faus Bartomeu.


Según los datos aportados por la Survey of Health Ageing and Retirement in Europe y de la Encuesta Nacional de Salud en España del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, España se sitúa en penúltimo lugar – Estonia se queda en último- en cuanto a la autopercepción de estado de salud de las mujeres de más de 50 años. Las que cuidan de sus familiares son las que peor se sienten y, a mayor edad, peores condiciones de percepción. Los hombres también se autoperciben poco saludables, pero, en su caso, se sitúan en torno al décimo puesto de los 15 países encuestados, por encima, por ejemplo, de los alemanes y los italianos. Los ciudadanos y ciudadanas de Suiza, Dinamarca, Suecia, Bélgica y Países Bajos, son los que más saludables se sienten después de los 50.


Rosa Gómez Redondo


Gráfico


Entre los parámetros que se han evaluado en el informe se encuentran los de carácter físico, como no tener impedimento para realizar las tareas diarias, no sufrir enfermedades crónicas, no tener dolor, no consumir muchos medicamentos, o no sentir ansiedad. Las mujeres añaden además una serie de elementos de carácter emocional que a veces son más determinantes a la hora de percibir el deterioro de su salud: apoyo social, salud mental, padecimiento de depresión, tiempo de práctica de actividad física…


Precisamente los hábitos como la escasa práctica de actividad física, el consumo de alcohol en los varones, de tabaco en las mujeres y la falta de horas de sueño son determinantes en la autopercepción de la salud en las personas cuidadoras. Las mujeres, además, son las que asumen, mayoritariamente, las tareas de apoyo más exigentes, de mayor duración y tiempo, como el aseo personal y la nutrición de las personas dependientes, lo que incide negativamente en su bienestar.


Por todo ello, el equipo de investigadoras, recomienda en sus conclusiones la pronta implantación de políticas públicas de conciliación de la vida personal y laboral en sociedades envejecidas y familiaristas como la española. “Detectado el impacto que el cuidado tiene para la salud de los cuidadores en España, a través de la suma de de factores emocionales y el desarrollo de hábitos poco saludables que se añaden a los factores meramente físicos, ligados al avance de la edad, sería pertinente poner en marcha programas de prevención ante situaciones de riesgo, que podrían incrementarse en las próximas décadas en las sociedades del sur de Europa dada la evolución de su estructura demográfica y sus transformaciones sociales en curso”, concluye el informe.


Imagen de la reunión

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Aida Fernández Vázquez

Fotografías: Fundación Mapfre

Edición web: Elena Lobato Toledano

Comunicación UNED