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Edición 2009>> Noticia
ÁVILA - 9 de julio

Cien años de Aranguren: la ética en la era de la globalización

Los filósofos ante la preeminencia del beneficio económico inmediato o la nueva esclavitud nacida del tráfico de mujeres


Amelia Valcárcel, ante los medios de comunicación

 

Los filósofos españoles de ética se reúnen en Ávila. La razón: se celebra el centenario del nacimiento del profesor Aranguren. El objetivo: el balance de los últimos 50 años de pensamiento en nuestro país.


El centenario de Aranguren reúne a prestigiosos profesores de ética en Ávila, coordinados por Carlos Gómez, en la foto, con Valcárcel

Los pensadores del encuentro: Javier Muguerza, Victoria Camps, Manuel Fraijó, Adela Cortina, Javier San Martín… El coordinador: Carlos Gómez. Quien lo cuenta a los medios de comunicación: Amelia Valcárcel.

‘El debate ético en la época de la globalización’, explica Valcárcel, ‘se plantea en dos planos. Por un lado, las nuevas maneras de vivir los acontecimientos y, por otro, la capacidad de discernir qué está bien y qué está mal, qué hemos de apoyar y a qué le retiramos nuestro apoyo’.

En la época de la globalización la dialéctica entre la obtención del beneficio económico rápido y el desarrollo sostenible es uno de los grandes debates éticos. Ante el axioma todo vale si es rentable, Valcárcel se muestra optimista y hace un ejercicio de confianza. ‘El peor momento ha pasado. Actualmente ha calado en la sociedad la idea de que hay pensamientos inaceptables. Antes sólo estábamos interesados en lo que ocurría dentro de nuestro propio país, ahora hay una conciencia ética planetaria y creo que una vez instalada la idea es cuestión de tiempo que los hechos la corroboren’.

La detección del mal también resulta bastante obvio para la filósofa. ‘Quien hace mal y así lo declara, el que llamamos cínico, resulta transparente. Pero también lo es, aunque él mismo no lo sepa, el que haciendo mal, invadiendo un país para quedarse con sus recursos, por ejemplo, afirma que hace el bien y que su objetivo es colaborar con el desarrollo. Ese miente y es muy fácil desenmascararlo, siempre que nos mantengamos informados’.

El matiz lo aporta Carlos Gómez, para quien ‘la hipocresía no tiene límites y siempre podemos vivir una vuelta atrás en esa conciencia ética planetaria. No en vano el ejército de los optimistas enarbola sus banderas adornadas con crespones negros’.

Ética, derivada de rapacidad

El pensamiento ético surge con la colonización el planeta de Europa del resto del mundo, allá por el siglo XV. ‘La rapacidad se extiende a escala planetaria’, recuerda Valcárcel ’y se hace necesario extender la protección de quienes la sufren’.

Más allá de la promulgación de leyes, mecanismo mucho más lento que los acontecimientos, nace el pensamiento crítico hacia la invasión de territorios y sociedades. Y son los filósofos los encargados de articularlo y difundirlo.

Las ideas se generalizan. No así los hechos reales. ‘Pensemos en la esclavitud. España fue de los últimos países en abolirla, pese a que apenas traficó. En las leyes y en la moral colectiva ha desaparecido. Sin embargo, cualquiera medianamente informado sabe que sigue existiendo entre nosotros a través del tráfico de mujeres destinadas a la esclavitud sexual’.

Coro de gatos

Cómo metáfora de la complicada tarea de reunir a los estudiosos de los asuntos morales, Amelia Valcárcel cita ‘un coro de gatos que, incluso cuando se consigue que canten, es casi imposible que afinen la pieza. Y a nosotros, los filósofos de ética, acostumbrados a recrearnos en los detalles del camino que hemos elegido, es difícil sentarnos en el mismo escenario y focalizarnos en un único tema’.

La razón parece simple. ‘A diferencia de los que optan por la lógica, por ejemplo, los que nos dedicamos a la moral hablamos cada uno de lo nuestro, somos individualistas, está en nuestra naturaleza’, indica Valcárcel. Por eso el coordinador del curso se muestra tan complacido de haber reunido en el aula a Muguerza, Camps, Fraijó, Cortina y San Martín entre otros.

Aida Fernández Vázquez
Fotos: Sol Polo


El maestro que no quiso tener discípulos

Discernir lo moralmente adecuado y lo éticamente reprobable resulta una ardua tarea. Los pasillos de la sede de cursos de verano se inundan de aplausos de los alumnos ante  ciertas tesis de los conferenciantes. Dentro del aula se suceden los debates ‘porque aún cuando se aclara un asunto se deja abierto un nuevo camino a explorar que requiere un permanente ejercicio de diálogo’, señala Carlos Gómez, el coordinador del curso ‘ Ética española actual  presentada por sus autores (Homenaje a José Luis L. Araguren en el primer centenario de su nacimiento’)

Todo cambia cuando el ‘tema’ es Aranguren. ‘Él instituyó una forma de enseñar filosofía basada en el diálogo, en la confrontación sin excesos. Una filosofía de talante nada despótico. Recogió en este país un pensamiento católico fundamentalista y logró ‘fabricar’ una ética laica’, apunta Valcárcel.

La filósofa recuerda que ‘si a cualquier filósofo extranjero le preguntas sobre los pensadores españoles que han tenido relevancia, responderán que Ortega y Gasset y, en ocasiones citarán también a María Zambrano. Pues bien, Aranguren, heredó los caminos que dejó inexplorados Ortega y los recorrió solo, como el individualista que siempre le gustó ser. Pero muchos le estamos siguiendo.

Carlos Gómez recreó la figura Aranguren como la de un profesor de ética que nunca quiso tener discípulos, sino interlocutores con quienes dialogar ‘sin embargo, creó escuela y estos días estamos revisándolo y repitiendo lo que a él tanto le complacía: hacer filosofía’.

Gómez anunció que muy pronto la ciudad de Ávila celebrará también el centenario de su mayor filósofo contemporáneo ‘le rendirá homenaje a quien escribió sobre los lugares de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Seguramente se trasladará aquí la exposición sobre él que hoy está en Madrid, en la Residencia de Estudiantes. Entre otros documentos contiene una larga entrevista a Aranguren a la sombra de las murallas de Ávila, la ciudad que le vio nacer hace ahora 100 años.



   
   
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