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Edición 2009>> Noticia
MADRID - 1 de julio

Maleta de profesor

Lucrecio Rebollo: traje, corbata, algo de sport, ilusiones y la Constitución


Tan importante como la maleta es el maletín, que contiene la documentación de la conferencia

Los cursos de verano se imparten en todas las comunidades autónomas. Generan una diáspora de profesores que a van de aquí para allá cargados de conocimientos, de ilusión por encontrarse con sus colegas de otras universidades, de curiosidad por conocer a sus alumnos, de temor a que algún papeleo se atasque... y de maletas.

Sin duda habrá maletas muy grandes, para los directores, coordinadores y secretarios de los cursos, que van a vivir una semana en otra ciudad. ejreciendo de anfitriones de conferenciantes y estudiantes. Y las habrá muy pequeñas, de esas que sólo llevan el ordenador portátil y una camisa de respuesto, por si acaso. 

 


La ilusión porque las leyes mejoren la sociedad se cuela en la maleta cuando se hace y se acomoda en casa cuando se deshace
Traje y corbata para presentarse ante los alumnos y para hacer relaciones públicas con las autoridades locales

Y las hay medianas, como la de Lucrecio Rebollo, profesor de Derecho Constitucional, que impartirá dos conferencias en esta vigésima convocatoria de los Cursos de Verano. Uno en Baleares, sobre protección jurídica del menor y otro en Alcalá la Real (Jaén) sobre terrorismo. Él nos enseña cómo organizar una maleta bien hecha y muy funcional.

Corbata en el aula, sport en la calle

 ‘Cuando uno imparte una única conferencia en sitios alejados de la residencia habitual la norma es que, si es por la mañana, llegas la noche anterior, duermes allí, cenas con el equipo del curso y llegas tempranito al aula. Dictas tu tema y te vuelves’, explica el profesor. “Si hablas por la tarde, lo lógico es llegar con tiempo, impartir la clase,  salir a cenar con los compañeros, dormir allí y volverte a la mañana siguiente”
 
Todo depende, claro, de los horarios de los transportes y de las distancias que haya que recorrer. Pero, por norma, la convivencia con los otros profesores y con la dirección del centro asociado anfitrión es inexcusable.
 
Lucrecio Rebollo siempre incluye en su equipaje traje y corbata para la conferencia y algo más sport para las salidas con compañeros y profesores de otras universidades, “salvo que haya que compartir mesa y mantel con autoridades locales o políticos, donde también se recurre a la ropa formal. Hay que tener en cuenta que estos cursos son una excelente oportunidad para hacer relaciones públicas para la universidad y para tu departamento”.
 
Conferencia al desnudo
 
En cuanto a la tentación de deshacerse de la americana en pleno mes de julio, en medio de los campos de Jaén o en las tórridas tardes de Mallorca, este profesor de derecho no se deja vencer por la molicie. ‘Es cierto que, a veces, mientras hablas, notas la gotita correr por la espalda, sobre todo si la conferencia se está grabando y hay luces y focos que suman calor al ambiente, ya recalentado. Pero aguantamos estoicamente, aunque al final de la charla acabemos empapados’.
 
Una de las pesadillas de todo profesor de gira por los cursos de verano es, como la de cualquier viajero, perder su equipaje. No obstante, ‘entre nosotros somos muy solidarios. Se le pide a un compañero de talla aproximada a la tuya una americana y una corbata y te compras la camisa’.
 
Pero lo realmente grave es perder los documentos de la comunicación. ‘normalmente quieres quedar muy bien ante tu público y, por más erutito que seas, te aferras al guión. Cuando no lo tienes te sientes desnudo, vulnerable intelectualmente. ¡Eso da una rabia!’.

La experiencia le ha enseñado a Lucrecio Rebollo a trabajar siempre con un asistente remoto: su esposa. Después de una mala experiencias de extravío del pen drive donde portaba el power point para su conferencia, aprendió a evitar el desastre indicándole a su mujer la ubicación de los archivos que va a usar. Así, ‘si el maletín con la documentación se me distrae, digamos, en un restaurante, ella me rescata enviándome un e-mail con toda la información’.

Y mañana... veremos cómo es la maleta de una alumna y en qué se diferencia de la de nuestro profesor de derecho.  

Aida Fernández Vázquez


Equipaje emocional

Hay algo que Lucrecio Rebollo nunca mete en su maleta, pero muchas veces aparece por sus clases. ‘Lo que más me desconcierta siempre es que haya mucho ruido, que se entre y se salga una vez empezada la conferencia’. 

Y hay cosas que jamás le faltan, que siempre viajan con él. ‘Cuando se va a hablar de terrorismo siempre tienes la ilusión de que se cumplan determinadas cosas. Que la legislación consiga evitar o solucionar aquello que conmociona a la sociedad’.

Cuando habla los derechos a la intimidad, al honor y a la propia imagen ‘me gustaría que los mecanismos fueran efectivos de verdad, que algunas demandas sobre protección al honor e imagen que llegan al supremo, sobre todo las que se refieren a los menores, pudiesen resolverse más expeditivamente’. 

En su maleta convive la ilusión de ‘enmendar lo que sabes que está mal’, con un cierto desánimo de vuelta ‘cuando ves tanto camino por recorrer, cuando ves que estamos en mantillas en algunos temas. Son sensaciones subjetivas que se cuelan cuando estás preparando la comunicación o cuando la debates con los alumnos’. Anhelos que le siguen acompañando cuando, acabado el curso, deshace y cierra su maleta. 

 



   
   
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