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Edición 2009>> Noticia
MADRID - 3 de julio

Por qué se drogan sus hijos

Los adolescentes españoles prueban el tabaco a los 13 años y la coca a los 15


Los adolescentes empiezan a consumir cocaína a los 15,7 años

En el mundo hay más de 200 millones de personas que se drogan. De ellos, una gran parte son adolescentes que acceden al primer consumo en el entorno de sus colegios o institutos. Ricardo Magaz, profesor de criminología y policía, nos cuenta por qué lo hacen, a partir de cuándo y cómo podemos prevenirlo y evitarlo, en el curso ‘El menor ante la ley: protección y reforma’ .

Ricardo Magaz

El acceso a las drogas es muy temprano, ya que según las investigaciones del profesor Magaz,  avaladas por el Plan Nacional Sobre Drogas, los niños empiezan a fumar a los 13 años; a tomar alcohol, a los 13, 6; prueban el hachis a los 14,8; acceden al consumo de anfetaminas y speed a los 15, 5 y al de cocaína a los 15,7.
 
‘Podemos asegurar que las adicciones se inician en la adolescencia y la primera juventud.  Por su innata curiosidad y por el anhelo de nuevas vivencias, los chicos y las chicas se encuentran especialmente expuestos a la nefasta experiencia de este mundillo’, explica el profesor.
 
‘Cuando un porcentaje importante de una generación se sumerge en el pozo de las drogas’, añade Magaz, ‘pierde ciudadanos útiles y contrae una pesada carga social de efectos traumáticos e invalidantes para todos’.
 
Aunque cada adolescente es un mundo y existen numerosas causas que inducen al consumo, Ricardo Magaz, los agrupa en los siguientes puntos:
 
. la curiosidad hacia lo desconocido, la aventura, el atrevimiento, el riesgo, factores inherentes a la adolescencia que les impulsa a probar por primera vez una droga; cuando más temprana es la edad de inicio, más propenso será el muchacho o muchacha a repetir la experiencia;
 
. la ignorancia, durante decenios se ha trasmitido información inexacta o incompleta sobre las drogas ilegales, especialmente las denominadas blandas, había una cierta aceptación social hacia ellas, por lo que los adolescentes suponían que probarlas no era peligroso y repetir la prueba no lo consideraban el inicio de la adicción; 
 
. la presión del grupo, que depende siempre de la consideración negativa o positiva que tienen los colegas hacia los estupefacientes,  ya que el adolescente siempre reproduce comportamientos que faciliten la aprobación del grupo y su aceptación como miembro;
 
. la marginación social, por razones socioeconómicas, o étnicas o por desarraigo familiar, e incluso la automarginación;
 
.la búsqueda del placer, el deseo de desconectar de las obligaciones cotidianas, de la rutina o el acceso a una forma de diversión de adultos, puede llevar a la toxicomanía;
 
. el control familiar insuficiente, con unas normas familiares excesivamente rígidas, relajadas o demasiado cambiantes
 
la disponibilidad de las drogas, la gran presencia de éstas en entornos próximos - el colegio, el instituto o sus locales y sitios de reunión- y la percepción de una cierta impunidad en su consumo o adquisición, y ya se sabe que a mayor facilidad de acceso, mayor consumo.
 
. las estructuras sociales cambiantes, el deterioro o el campo de pautas de una estructura social determinada que provoca confusión en los más jóvenes cuando, incapaces de adaptarse a la nueva situación, se refugian en el mundo de las drogas.

 

Aprenda a protegerlo


‘Afortunadamente’, explica Magaz, ‘existen una serie de técnicas enfocadas a combatir cada uno de estos puntos y que nos permitirán prevenir el riesgo de adicciones en nuestros hijos’.
 
La relación de actitudes a adoptar son, según el profesor:
 
. canalizar positivamente la curiosidad del adolescente para que se desinterese por conductas y situaciones de riesgo;
 
. promover la educación en valores y actitudes de respeto y responsabilidad para con la salud propia y la de la comunidad, incidiendo en que la salud no depende del azar, sinó que está condicionada en gran medida por las decisiones y actuaciones personales
 
. estimular la autoestima para evitar que los más jóvenes traten de elevar su concepto de si mismo con fórmulas químicas, estupefacciones o estimulantes;
 
. desarrollar habilidades sociales que aporten al adolescente una cierta autonomía frente al grupo, o bien ayuden a neutralizar en este tendencia hacia el mundo de las drogas
 
. impulsar una vivencia rica y diversa del tiempo libre que dé satisfacciones al joven sin recurrir a estimulantes ilegales;
 
. ejercer razonablemente la autoridad paterna/materna, combinando amor y disciplina y creando un clima familiar de respeto y exigencia, donde la comunicación y las relaciones resulten serenas y seguras;
 
. reducir la presencia de las drogas en los escenarios donde se desarrolla su vida, enseñándoles a convivir en un mundo en que existen los estupefacientes, pero sabiendo que suponen un peligro real y, a veces, letal
 
Aida Fernández Vázquez


Cocaína 1; pastillas 2


Por primera vez en mucho tiempo, la cocaína ha dejado de ser la funesta ‘reina’ de las drogas. La han sustituido las drogas de diseño. Los chavales ya no esnifan, se empastillan. ¿Las razones?  Básicamente, de índole económico.
 
La cocaína hay que importarla, requiere una organización de personas para su transporte y su distribución a gran escala; las drogas de diseño se pueden elaborar tranquilamente en el salón de un piso con materiales relativamente accesibles y bajo la dirección de un químico o un aficionado con conocimientos básicos.
 
El mercado internacional de la cocaína es manejado por clanes, mafias o cárteles; las pastillas se reparten al menudeo o trapicheo, sin necesidad de un gran aparato de distribución.
 
Las actuaciones policiales se centran más en las capturas de grandes alijos de cocaína que en romper las redes locales de distribución de drogas de síntesis.
 
La cocaína igual que la heroína, está mucho más criminalizada socialmente, crea mucha más alarma social que las pastillas.

La cocaína es más cara que las drogas sintéticas.
 
Sin embargo, estas diferencias son sólo espejismos. ‘Las drogas esclavizan al individuo, afectan a su sistema nervioso y modifican sus capacidades de juicio, sus comportamientos y sus estados de ánimo Pero además, pueden instalar al joven en un círculo vicioso de ambientes delictivos que le convierten en revendedor para obtener fondos con los que financiar su propio consumo’ puntualiza Ricardo Magaz.  



   
   
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