Logo de la UNED

Entrevistas Día de la Mujer

Presentación
Araceli Maciá Antón
Elisa Pérez Vera
Celia Amorós
Carmen Arasa
Carmen Carreras Béjar

RECTORADO

Información de Rectorado
Directorio
Videos de Rectorado 2007
El Rector en los medios de comunicación
Nuestros Rectorados anteriores
Prensa Escrita (archivo)
Sesiones y Convocatorias del CONSEJO DE GOBIERNO

Entrevista a Celia Amorós

"El reto de la globalización es que todas las mujeres igualen a las occidentales"

Ha recibido el Premio Nacional de Ensayo que, por primera vez, se le concede a una mujer. ¿Por qué cree que le han otorgado este galardón?

He trabajado mucho, he seguido siempre mi camino y, como tengo ya bastantes años, llega un momento en que se tienen libros gorditos, y un año tienes suerte con el tribunal, con personas amigas y simpatizantes, y reúnes los votos para el premio.

En relación con sus estudios sobre feminismo, ¿considera que sus colegas profesores han pasado de la condescendencia al respeto?

Cuando estuve en la Complutense organicé un seminario sobre Feminismo e Ilustración que provocaba primero ironías y al que luego comenzaron a venir los varones, lo que quiere decir que se prestigió. En la economía simbólica del patriarcado los varones tienen efectoRey Midas : todo lo que tocan lo convierten en oro, y a las mujeres parece que nos ocurre al revés: que todo lo que tocamos lo devaluamos.

¿Cuándo y por qué decide dedicarse a la Filosofía?

Yo quería hacer Filosofía desde pequeña. Siempre dije que quería hacer un sistema filosófico propio. Tenía nada menos que esa pretensión: -Y así cuando sea mayor –pensaba-: les hablaré a los chicos de Filosofía. Mi abuela me decía: Ni se te ocurra. Si les hablas de Filosofía les espantarás. Las mujeres debemos disimular que somos inteligentes.

Ha sido galardonada por la obra La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias... para la lucha de las mujeres ¿Cuándo se dio cuenta de su condición de mujer , de diferente ?

En mi adolescencia vi situaciones muy contradictorias. Mi madre era registradora de la propiedad mientras que mis tías eran muy tradicionales y vivían en función de los hombres. Cuando en mi casa nació mi hermano, después de tres chicas, fue la locura: parecía que se habían vuelto todos locos por el nacimiento de un chico. Quizá ese contraste me hizo empezar a reflexionar sobre la desigualdad. No me la contaba a mi misma a sí, pero estaba claro que pasaba algo raro en cuanto a la valoración.

Era este un conjunto de mensajes, relacionados con toda la situación de opresión del franquismo, donde los representantes eran los cabezas de familia y las mujeres no teníamos sustantividad. Mi marido me tenía que firmar en el pasaporte y contabas con él para comprar un piso. Cuando les cuentas esto ahora a las jóvenes se sienten muy sorprendidas.

¿Cómo podría argumentarse que, alcanzado este nivel de libertad en las sociedades occidentales, debe continuar la lucha por la igualdad?

Hemos llegado después de muchos años de predicar, de argumentar y de hacer visible lo que no lo era: conseguir que se perciba como algo no normal que en los cargos estén sólo los caballeros: eso ha costado muchos años.

El problema ahora es la globalización y la multiculturalidad. El problema de la igualdad ya no se refiere sólo a las occidentales. Los espacios que hemos conseguido no los vamos a poder mantener si no elevamos el estatus de las mujeres de otros países. De otro modo tenderán siempre, tanto para elegirlas como trabajadoras como para elegirlas como esposas, a mujeres que les ponen unos estándares muchos mas bajos de los que nosotras ponemos. Y así cada vez más te encuentras profesores que se casan con cubanas, japonesas... y muchos de ellos están encantados del estatus de las mujeres musulmanas, como diciendo: estos si que lo entienden y no las concesiones que nosotros os hemos hecho. En el infraestatus que están muchas mujeres en el mundo, en una situación de globalización se contrastan, porque por la multiculturalidad estamos en el mismo estatus, hace que el de las propias mujeres en el mundo occidental se vuelva un tanto inestable. Es enormemente importante que no lo dejemos descender, sino al contrario: tenemos que promover el estatus de las otras mujeres.

Ante la llegada de mujeres inmigrantes de Europa del Este, África o Latinoamérica, ¿cree que las mujeres van a saber actuar solidariamente?

Ese es un gran problema: debemos promocionar a esas mujeres, y no sólo por caridad o solidaridad: por nosotras mismas, si no, nos vamos a ver con la bajada del estatus en conjunto de todas. Por otra parte no podemos hacer concesiones con prácticas culturales de desigualdad o de injusticia, lo cual muchas veces es difícil hacérselo entender a las propias mujeres, con lo cual se plantea una situación muy compleja y que es un gran reto.

Si la globalización del cuidado hace que esas mujeres estén en nuestras propias casas, ayudándonos a hombres y mujeres -porque no se considere que el favor se hace sólo a las mujeres-, al hacerse cargo de nuestra tercera edad, de manera que podamos trabajar, están en muchos casos educando a nuestros hijos pequeños... esto genera situaciones enormemente complejas.

¿Cómo se encuentra la enseñanza del feminismo en las universidades?

Enseñé en la Complutense, a titulo de optativa, la asignatura: Teoría y Crítica feminista. Esta asignatura se mantiene. Conseguí que se impartiera en la UNED también. Me han nombrado Directora del Instituto de Estudios de Género y quisiera hacer cosas en esta dirección. Organizamos el primer encuentro sobre Feminismo, Ilustración y Multiculturalidad: Procesos de Ilustración en el Islam y sus implicaciones para las Mujeres; y quiero, desde el Instituto, promover cada vez más proyectos con entidad.

¿Las mujeres le han dado alguna vez las gracias por facilitarles argumentos para pensar, reflexionar, sobre su condición?

Muchas me lo han agradecido. Si contribuyo a darles a las mujeres discurso es darles empoderamiento. Otras lo hacen desde las políticas o con sus posibilidades profesionales.... yo desde el discurso filosófico, que para que sea universal, debe superar sus sesgos patriarcales.

Leonor García

 



Celia Amorós