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jueves 27 de mayo de 2021 guardar noticia `Yo soy rebelde¿" Seminario online de la UNED para desmontar el discurso del odio  como pdf

`Yo soy rebelde¿" Seminario online de la UNED para desmontar el discurso del odio

"Discursos de odio y auge de la extrema derecha: reflexiones desde un enfoque intercultural en educación"



Libertad, rebeldía, enemigo o traición son conceptos que se resignifican en los discursos para desatar los mecanismos del odio que están detrás del auge de la extrema derecha. Este viernes Alberto Izquierdo, profesor de la Facultad de Educación de la UNED, dirige un Seminario INTER, organizado por la UNED y el CSIC para hacer visibles los desencadenantes del odio en un contexto de crisis como el que vivimos. Titulado Discursos de odio y auge de la extrema derecha: reflexiones desde un enfoque intercultural en educación, se podrá seguir en directo mañana a partir de las 12h a través de este enlace.

El objetivo de este encuentro es visibilizar y explicar cómo se camuflan los mecanismos del odio en la vida cotidiana. El seminario tratará de ofrecer algunas pistas sobre las características del discurso de odio actual, invitando a no conformarse con la concena, sino a describir el proceso por el que se extiende, ya que conocerlo activa siempre la posibilidad de mostrar cómo tanto el odio como la violencia pueden ser interrumpidos y debilitados.

Desde el Grupo INTER de Investigación en Educación Intercultural se investiga cómo funciona el mecanismo implícito que acaba justificando situaciones de desigualdad a partir de lo que se debería comprender como inherente al ser humano, la diversidad. “El ámbito educativo es un contexto, lamentablemente, muy privilegiado para observar este tipo de lógicas de las que -si no somos conscientes- es fácil ser partícipe”, explica el profesor Izquierdo.

Viejas palabras nuevos significados

El seminario diseccionará cómo la extrema derecha construye una estrategia comunicativa “populista y mentirosa, que no es lo mismo”, precisa el profesor. “Hay una construcción de un (nos)-otros; una resignificación de conceptos, por ejemplo, la palabra libertad, una búsqueda de un enemigo externo, como los migrantes, y de un traidor interno, por ejemplo, el feminismo”.

El profesor advierte también del uso de un lenguaje beligerante y peyorativo que recuerda a los años de guerra y dictadura. “Algunos ejemplos pueden ser antiespaña, golpistas o antifascistas. Existe una articulación en redes nacionales e internacionales para crear un circuito discursivo cerrado y efectivo”, asegura.

En el Seminario el profesor Izquierdo irá lanzando algunas ideas para aprender a leer esta compleja situación, partiendo de un enfoque intercultural en educación que aporte matices y sitúe el foco en lo relacional. “El diálogo con las personas que asistan será fundamental para reflexionar conjuntamente, ya que traemos más preguntas que respuestas”, reconoce.

El discurso del odio encuentra un terreno fertil en las circunstancias extremas que hemos vivido: una pandemia, una pos-pandemia, una crisis económica. “Podríamos decir que, precisamente, el malestar social generalizado supone un caldo de cultivo favorable para la estrategia comunicativa de los movimientos anti-derechos (algunos partidos políticos; fundaciones, centros de estudios y otros grupos de presión ultraconservadores; movimientos y colectivos supremacistas de acción callejera; medios de comunicación y plataformas virtuales afines a la agenda de la extrema derecha…). El miedo, la desesperanza, la rabia, o el desamparo son manipulados a través de la puesta en marcha de un populismo xenófobo que culpa de los principales problemas a una otredad supuestamente amenazante, que suele coincidir con personas y grupos vulnerabilizados y minorizados (en cuanto a poder, no necesariamente en términos numéricos), frente a los que se construye un nosotros profundamente excluyente, generando o reforzando así identidades asesinas o predatorias, como dirían Amin Maalouf y Arjun Appadurai.”, aporta el profesor.

 

Dicho proceso ha sido descrito en el Informe Foessa 2019. Al rédito emocional de este tipo de malestares, se suma la defensa interesada de unos privilegios basados en estructuras tradicionales de desigualdad. “Hay quienes sienten que esos privilegios deben ser conservados frente a todos aquellos que desean atentar contra él” La situación vivida en la pandemia ha favorecido la exaltación del odio por parte de los moviminetos de extrema derecha, señalando supuestos culpables, liberando bulos y teorías de la conspiración que poco favor hacen a la convivencia, como han señalado la ONU y Amnistía Internacional, entre otros, sugiriendo que el discurso de odio ha sido y es la verdadera “cepa virulenta”.

 

¿Habría odio sin Redes Sociales?

 

Sí, claro, ha habido odio sin redes sociales virtuales… Lo que ocurre, o eso creemos, es que estos espacios digitales cumplen una serie de condiciones que facilitan la expansión del discurso de odio. Por ejemplo, la limitación de caracteres, o el formato meme, conlleva una necesaria tendencia a la brevedad y simplificación de los mensajes, con la pérdida de matices que supone. También sabemos que los algoritmos premian los comentarios que más interacciones provocan, y poco hay más provocador que la confrontación, los bulos, los titulares alarmantes”, señala Izqueirdo, para quien la lógica neoliberal y tecno-utópica de las plataformas virtuales de mayor uso (Facebook, Twitter, Reddit…) es el abono perfecto para la proliferación de los mensajes de la extrema derecha.

 

El profesor alude a “un ruido blaco”, un murmullo de fondo que favorece los discursos excluyentes, un ruido de bajo perfil que sirve de escenario a las palabras más estruendosas. “Últimamente tengo la sensación de que vivimos unos tiempos estruendosos que combinan un ruido blanco constante con discursos bulliciosos de alto nivel. En este contexto, el “ruido blanco” podría resignificarse entonces como ese esfuerzo del supremacismo blanco por dificultar el diálogo, mediante la emisión constante de barullo, confusión, violencia discursiva”.

 

Buscando en Twitter se pueden encontrar muchos ejemplos. Este ejercicio lo ha hecho el profesor Izquierdo siguiendo las tendencias temáticas vinculadas a la grave crisis humanitaria que ha tenido -y tiene lugar- en la frontera del Estado español y la UE con Marruecos. “El odio emitido contra las personas migrantes -entre las que se encontraban niños- ha dificultado la reflexión colectiva sobre la cuestionable gestión fronteriza de esta Europa-Fortaleza. A la vez, dicho discurso consigue desplazar “la ventana de Overton” (el rango de políticas aceptables de acuerdo al clima de la opinión pública, que un político puede recomendar sin ser considerado demasiado extremista para mantener su cargo), y que cualquier discurso menos virulento, aunque sea igual de excluyente, pueda parecer aceptable, e incluso satisfactorio para dar por zanjada la situación.

Educar, pero no de cualquier manera

 

La Educación y la Cultura podrían ser armas eficaces para desactivar el discurso del odio. El profesor advierte que así es siempre que se extienda la definición de Educación más allá del sistema educativo. “Preguntar cómo educar es preguntarnos cómo queremos vivir y esto no puede pesar solamente sobre los hombros de quienes se dedican profesionalmente a la Educación”, apunta Izquierdo. Aportar matices y recuperar el diálogo es una responsabilidad compartida por todas aquellas personas que quieren limitar el efecto del discurso de odio y co-elaborar narrativas que favorezcan la convivencia.

 

Alberto Izquierdo señala que “no será útil cualquier educación ni cualquier producción cultural”. “Quizás es una manera un tanto brusca de decirlo pero se puede leer mucho y ser muy fascista. Sobre todo cuando el proceso educativo sigue reproduciendo lógicas neoliberales y neocoloniales…, porque la pedagogía no es neutra. Y si lo creemos, solo nos quedará llevarnos las manos a la cabeza cuando observemos que unas generaciones aparentemente bien formadas llevan a cabo acciones atroces.

 

Parece paradójico que los movimientos de ultraderecha puedan resultar atractivos para jóvenes que han crecido en plena democracia. Alberto Izquierdo reflexiona y parafrasea el título del último libro de Pablo Stefanoni para preguntarse: ¿La rebeldía se volvió de (extrema)derecha? “Me temo que es una cuestión que no solo podemos atribuir a las generaciones más jóvenes. Creo que forma parte de esa resignificación de significados que mencionábamos antes, como ocurre en el caso del concepto “Libertad”, que poco tiene que ver ya con “Igualdad” y “Fraternidad”.

 

Para el profesor, juega un papel no desdeñable que la extrema derecha se presente como “una supuesta alternativa al status quo (y digo supuesta porque sus dirigentes forman parte de la estructura de poder tradicional), autonombrándose víctimas incomprendidas del sistema y de los medios de comunicación y, a la vez, salvadores que establecerán el “orden” y la “justicia”. Es un mensaje que cala, o al menos tiene un alto potencial para ser

 

Todo lo que huela a transgresión siempre ha resultado atractivo para la juventud. “Asumir y reproducir ese tipo de discursos como provocación y ruptura con lo políticamente correcto es una forma de transgresión que se alienta desde ciertos sectores de la política institucional y desde algunos medios de comunicación. Nuestra tarea como educadores y educadoras -o eso creemos- puede pasar por aprovechar estas “rupturas” como oportunidades pedagógicas desde las que seguir tejiendo un diálogo, además de indagar junto a los más jóvenes en la “aventura” verdaderamente transgresora: seguir extendiendo y profundizando las democracias, imaginando formas más equitativas de ser y estar.